Nosotros vamos por los caminos del volcán y vemos la belleza de las corrientes lávicas, ajenos al brotar violento del magma que sacudió tierra y mar y oscureció el cielo.

El piélago de cenizas brillantes y verdinegras, la variedad cónica de los cráteres, las oscuras desgarraduras, los acalorados vértices, el tímido liquen que inicia de nuevo la vida... el mar del oeste con su bramar espumoso y fresco, el olor intenso de las pardas y danzantes algas... es Lanzarote.

José Melián retrata con ondulante y multicilor trazo el armazón de fuego, los ríos de lava y sus caprichosas correrías. Todo bajo su particular visión, que tiene mucho de onírico: paisaje ensoñado para criaturas ensoñadas.

El pintor va por los caminos del volcán y se deja emborrachar por el flujo tóxico del fuego que crea a otra isla: un Lanzarote mítico y primitivo, aquél que fue una llamarada en el cielo y un mar de brasas ardientes en la tierra.

Túneles como venas pétreas, cuevas, promontorios, llanuras, puentes de rojas lavas... isla irisada, esa es la pintura de José Melián.


Antonio F. Martín Hormiga




Es Lanzarote una isla en la que la naturaleza y el hombre entonan, cantan y riman un eterno, estremecedor y profundo himno a la grandeza del alma guanche. Una isla hermosamente negra en los malpaises de lava fantásticas. Una isla esquiva, abrazante, quemada y florida. La isla que hizo pintor a José Melián la isla que brotó del parto telúrico de las aguas del atlántico y el fuego de los volcanes.

José Melián vino al mundo hace muy pocos años en Güime, San Bartolomé y se acostumbró a la visión de los conos desgarrados con sus bocas abiertas en un grito de angustias, montando guardia en un paisaje de desolación apocalíptico.
Recorría las carreteras y caminos que serpenteaban los terrenos áridos, las coladas de lava retorcida y las blancas motas de los caceríos rompiendo la monotonía cromática del paisaje. Se perdía en los campos de labranza y se dejaba maravillar por la Geria, un oasis en mitad de tanta escoria volcánica.
Año de viento año de fertilidad dicen en Lanzarote, y este compañero infatigable del andar del tiempo en la isla, asistió a los primeros pasos en la pintura de José Melian que, en tan sólo cuatro años exponiendo individualmente, se ha convertido en internacional, primero Lanzarote, más tarde San Sebastián, Tenerife y pronto, muy pronto, Alemania , Francia y Miami.
José Melian nos introduce en la tierra de sus ancestros rajando la corteza negruzca, horadando perforando hasta dar con el misterio de unos volcanes que forman caprichosas grutas, columnas salomónicas, tubos y todo un arco iris de colores que José Melián con la retina vibrante de emoción plasma en sus lienzos.
Su técnica nueva en el óleo y su intención, vieja como el mundo, nos permiten descubrir las maravillas de la formación geotectónica de los paisajes lanzaroteños. Al contemplar su obra uno se siente arropado por un silencio casi monacal, al tiempo que se deja cautivar por el azul valeroso de su paleta, los tierras, los ocres... que es lo mismo que decir jable, malpaises, redes, aulagas... Lanzarote.
Quisiera terminar recordando a Victor Fernández Goparel peón de Janubio, el salinero, un hombre sencillo que retrató el mundo y que en una de sus sentencias afirmó:



"El que lo infinito pinta

sin ser infinito él

y sin que lo sea el pincel

que no gaste mucha tinta"

José Melián es infinito y también su pincel.

María del Pino Fuentes





Kandinsky decía que la abstracción es a su vez una consecuencia del medio y del ambiente en que se vive y José, está influenciado por el paisaje de nuestra isla. En ella existe ese sentimiento de contrastes diferentes de otros lugares del planeta con una vegetación más explosiva, mientras que en Lanzarote, la visión que nos ofrecen los volcanes con su crudeza y su fuerza como un cataclismo, con su magma lávico retorciéndose, creando surcos de belleza incomparable, ya de por sí hacen de Lanzarote una isla abstracta, que José refleja en sus cuadros impregnándolos de un lirismo sinfónico de colorido y poesía.

Fernando Herrera Goñi